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En una revolución, las ideas de progreso y movimiento se funden en la de orden; en una revuelta esas mismas ideas denotan desorden

Octavio Paz

Es por todos conocidos, incluso allende de nuestras fronteras, el penoso caso de 43 estudiantes desaparecidos en el municipio de Iguala, en Guerrero, hace poco de más de un mes. Los ecos de irritación social han resonado por todo el país y somos miles quienes experimentamos una justa indignación ante tan lamentables hechos. Muchos han sido los reportajes, criterios y hasta hipótesis que se han vertido en torno a dichos sucesos y que el amable lector bien conoce y seguramente ya ha elaborado una opinión personal, por lo que formular aquí nuevos criterios sobrepasa a este espacio. Pretendo, en cambio, abonar algunas reflexiones sobre el trasfondo social que subyace en estos justos reclamos atendiendo al peligro latente que existe de crear un encono y una inestabilidad colectiva, como ya se ha visto en algunas manifestaciones, marcadas por la violencia bajo el pretexto del reclamo. No debe ser la retórica, sino la razón, lo que mueva las conciencias de este país.ayotzinapa 6

El trasfondo del «Que renuncie EPN» y «Fue el Estado»: un sofisma colectivo.

A partir del impacto de las redes sociales en la última semana se ha puesto de manifiesto un reclamo generalizado: que el Presidente de la República renuncie a su cargo y que el Estado mexicano es el responsable de la desaparición y posible muerte de los estudiantes de Ayotzinapa.

Todo reclamo social que surge de la indignación popular debe tener un sitio y una repercusión ante el Poder político y ante la sociedad civil, más aun cuando se trata de exigencias legítimas. manifestación 1El reclamo popular bien fundamentado tiene un impacto colectivo que naturalmente encuentra un cauce de acción y se convierte en el estandarte de un discurso clarificado cuyos objetivos bien trazados realmente logran cambios en las instituciones; ejemplos de ello nos recuerda la historia reciente, como la caída del muro de Berlín, la creación de Tribunales Internacionales y Comisiones de la verdad, o la llamada “primavera árabe” y, en el caso de nuestro país, la transición política del antiguo régimen o el reconocimiento de los derechos fundamentales en la Carta Magna. En suma, cuando el discurso de reclamo social está basado en premisas objetivas su impacto es real.

El problema surge cuando dicho discurso se fundamenta en premisas endebles y bajo un trasfondo ideológico, lo que lamentablemente convierte al discurso bien intencionado en un sofisma social dejando así de ser reclamo auténtico para convertirse en un lugar común de la retórica política y social. Véase por ejemplo el famoso “voto por voto, casilla por casilla”, el llamado “complot de la derecha” o el mediático “yo soy 132”, discursos todos ellos de la retórica ideológica que tuvieron un impacto efímero y que por la falta de fundamentación no lograron sus objetivos iniciales.
EPN 3Desde luego que, dada la situación particular que el país hoy vive, todo reclamo social debe ser ampliamente analizado y sopesado con precisión. La exigencia razonable de pedir cuentas al gobierno y a sus autoridades acerca de su responsabilidad en cuanto al devenir de la nación tiene que ser un continuo emplazo y nunca acallar la voz de los ciudadanos ante la pasividad del Poder. Pero para que este reclamo encuentre legitimidad política (en el sentido prístino de la palabra, es decir, de lo que interesa a la polis o comunidad), debe partir de premisas fundamentadas, porque de lo contrario se convierte en retórica de masas. Ejemplo de ello es el mediático anuncio de “Que renuncie EPN” y “Fue el Estado” que recientemente han surgido de forma viral en las redes sociales. Analizaré brevemente cada uno de ellos pretendiendo demostrar por qué este mal llamado “reclamo social” lamentablemente no es más que una retórica de masas.

Partamos de una pregunta: ante los lamentables hechos que nos aquejan ¿qué ganaría el país con la renuncia del Presidente de la República? Sostienen, quienes enarbolan el discurso, que el Presidente es el responsable por no dar respuestas efectivas, que la situación social es una causa grave y que por ello, ante su incapacidad para gobernar tiene que renunciar. epn 4La solución a ello es que dimita el Jefe de Estado y con ello se comienza de nuevo. Nada más falaz que esta postura. Si esta propuesta fuese efectivamente razonada, a la par de que se exige una renuncia del Presidente se presentaría una propuesta para paliar su ausencia, sin embargo no se ha mostrado ninguna, sólo un discurso retórico que ha manipulado el ya de por sí menguado sentir social. ¿Qué proponen entonces quienes exigen “Que renuncie EPN”? Hasta ahora nada.

La filosofía política ampliamente ha demostrado que un mal no se remedia con otro mal. Si dimite el Presidente ¿quién ocuparía su lugar? Observando a la clase política de todos los partidos gobernantes ¿existe alguien con autoridad política y moral para ostentar hoy el cargo? En el discurso infundado es muy fácil decir: que caiga la cabeza porque el cuerpo subsiste solo, pero esto no es así cuando el cuerpo social no goza de homogeneidad, pues es bien sabido existen muchas otras cabezas que conducen poderosos cuerpos no incorporados de manera institucional al núcleo social, tales como la delincuencia organizada, los especuladores empresariales o la partidocracia.

Es verdad que el Presidente de la República y su gabinete han cometido errores en el ejercicio del poder, tal vez el más delicado de ellos el no reconocer su incapacidad para restablecer el estado de Derecho en cuanto al combate a la delincuencia organizada y la falta de voluntad para lograr una estabilidad social. EPN 1La actitud del Ejecutivo ante los recientes hechos en Guerrero también resulta cuestionable en ciertos aspectos, por ejemplo la insensibilidad personal e institucional de no acercarse al lugar de los hechos con las familias afectadas, el no dar la cara ante el pueblo para explicar y exponer en qué consisten las investigaciones o el salir del país para atender asuntos económicos justo ahora que los asuntos sociales son prioridad; y visto lo visto, parece que las prioridades del actual gobierno van hacia lo económico y no hacia lo social. El mensaje que ha enviado es de lejanía hacia el pueblo y de un ensimismamiento en el ejercicio del Poder, y aquí sus asesores tienen una gran responsabilidad que se ven manifiestas en un reclamo generalizado. EPN 2El camino que debe tomar el Ejecutivo es simple: restablecer una cercanía con la gente mediante una apertura hacia la crítica y prescindir de los funcionarios quienes no han hecho bien su trabajo; sin embargo es una ruta por la que el Presidente no ha optado y he aquí las consecuencias.

Sin embargo estas situaciones no son elementos suficientes para exigir una dimisión inmediata a su cargo. Esa salida fácil de “cortar la cabeza” acarrearía un desmembramiento no sólo político, sino ante todo social, y que puede traer más víctimas colaterales de las que ya contamos. Una dimisión presidencial puede provocar más inestabilidad que una recuperación en el itinerario institucional y el perjudicado mayores el pueblo, pues hoy más que nunca, necesitamos cohesión y no fragmentación. Perjudicial sería la salida del Ejecutivo si no se tiene una respuesta real, efectiva, viable e institucional para su sustitución. Y además ¿qué hacer con los otros dos Poderes, el Legislativo y el Judicial? La respuesta no está en la falacia de la renuncia presidencial sino en la objetividad de la acción social.ayotzinapa 2

Esta situación de zozobra del Poder por parte de quienes nos gobiernan (Ejecutivo Legislativo y Judicial) genera desconfianza o enojo por parte de la gente y naturalmente la sociedad exige respuestas. Pero esas respuestas deben ser focalizadas mediante vías institucionales y con un discurso crítico y constructivo no con sofismas populistas de generalizar todos los males de la nación sólo en manos del Gobierno.
Dicha falacia popular de la salida fácil en el discurso popular ha generado la retórica del “Fue el Estado”, como si el Poder en turno fuese directamente responsable, como autor intelectual y material, de la desaparición de 43 inocentes personas. No hay que ser un avezado observador social para identificar que, detrás de estos crímenes, no está directamente implicado el Estado sino pequeños grupos de poder de relación directa con la delincuencia organizada. Y si bien es cierto que algunos de los presuntos autores intelectuales del crimen son personas vinculadas a un cargo de poder público, ellos no son el Estado, sino un apéndice cancerígeno de éste.
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Este reclamo mediático de “que renuncie EPN” y “Fue el Estado” no viene directamente de las víctimas. Nadie más que ellos son los interesados de saber que existe un cabeza ante quien acudir, ante quien protestar y a quien exigir. Las víctimas reclaman justicia para sus desaparecidos, no dimisiones en el poder. Las víctimas requieren respuestas objetivas no fragmentación de la responsabilidad. Estas personas reclaman y proponen un discurso real no retórica de masas y lo han demostrado en las manifestaciones pacíficas que se han hecho a lo largo de todo el país, donde la civilidad y el justo reclamo institucionalizado ha dado frutos.

Pero resulta significativo y ciertamente sospechoso identificar que, a partir del surgimiento de la retórica de masas, algunos asistentes a las manifestaciones ajenos al dolor pero cercanos a la violencia, las han manchado con actos vandálicos. La retórica de masas del “Que renuncie EPN” y “Fue el Estado” surge de esos ajenos a las víctimas que aprovechan la coyuntura y la inestabilidad social para generar más discordia y fomentar la intolerancia.
ayotzinapa 7Al igual que el reclamo de la dimisión del Ejecutivo, la falaz señalización hacia el Estado como directo responsable de los desaparecidos no tiene fundamentos. ¿Qué elementos objetivos se ha ofrecido para demostrarlo? Por la presencia de servidores públicos coludidos con la delincuencia ¿se puede generalizar a todo el Estado como responsable? Ciertamente creo que a estas preguntas la respuesta resulta negativa. Hay que tener cuidado con las afirmaciones de la retórica de masas pues muchas de las veces ella está fundamentada en ideologías disidentes y no en ideas dialogantes. Un discurso que no esté enmarcado por la retórica y el sofisma, antes que condenar exige un diálogo abierto, antes que señalar ofrece razones, antes que ser vandalismo es participación incluyente, abierta y respetuosa como lo han sido las manifestaciones legítimas en las semanas pasadas.

La responsabilidad compartida: también somos Estado

Ahora bien, analizando esta retórica de masas de “Fue el Estado” y bajo una perspectiva hermenéutica, tal vez en ella sí hay parte de verdad. Siguiendo a la Teoría Política clásica, el Estado moderno está conformado por tres elementos: territorio, gobierno y población. Ya conocemos ampliamente la gran responsabilidad del gobierno, en todos sus niveles, en la problemática nacional. Pero abundemos en esa parte del Estado de la cual los ciudadanos formamos parte y por lo cual también somos responsables: la población.estado 1

En efecto, como ciudadanía que conforma al Estado mexicano es necesario reconocer nuestro grado de responsabilidad como actores ante los grandes problemas nacionales. No hay que formar parte de la delincuencia organizada o ser miembro de una élite del poder para afectar el devenir de la justicia en México, no; con nuestras simples acciones u omisiones paulatinamente hemos detenido la marcha de este país. Es justo reflexionar en este momento ¿qué grado de responsabilidad tenemos como ciudadanía?

Hemos sido muchas veces el pueblo de lo fácil y de lo efímero, de lo banal y lo subjetivo, del egoísmo y de la inmoralidad, y las consecuencias aquí están. Se nos ha hecho fácil evadir impuestos, estar en la informalidad, dejar de participar en las elecciones, trivializar a la democracia, todas ellas acciones anti institucionales que repercuten en la Nación. Y qué decir de esos “mínimos detalles” que cuando de combinan con la desinstitucionalización provocan un máximo perjuicio: tiramos basura en la calle, no respetamos las reglas de urbanidad, llegamos tarde al trabajo u omitimos realizarlo; preferimos hablar de fútbol que de valores y los valores se los compramos a las televisoras. manipulación 1Seguimos engañando a la gente, golpeando a las mujeres, maltratando al medio ambiente, insultando al discapacitado, ninguneando al que menos tiene; nos molesta el éxito del prójimo pero no trabajamos por nuestro propio crecimiento, y calificamos que algo es bueno si nos reditúa inmediatamente en dinero o fama aún a costa del desprestigio de otro.
Son tantas estas pequeñas actitudes que como población tenemos que no debe extrañarnos que en esta banalización del mal, también tenemos una responsabilidad en cuanto los hechos de desmembramiento social que hoy vivimos.

Analice usted, amable lector, cuál es la lectura de diagnóstico que desde fuera nos venden y que por no hacer un esfuerzo de razón nos compramos como incautos. Se pretende ocultar a los verdaderos males mediante el “pan y circo” que el Poder político y el poder fáctico nos ofrecen. ¿Es acaso más importante el juego de la selección nacional que abrir los medios a un debate abierto e incluyente sobre los males que nos aquejan? manipulación 2Aquélla famosa y estúpida retórica mundialista del “No fue penal” y que hoy las televisoras recobran con fuerza es el fiel reflejo de lo que como pueblo manipulable somos; es el resumen del gran pretexto nacional: “no es que seamos malos, es que la autoridad está en contra de nosotros”; “es que íbamos a ganar pero todos conspiran contra nuestro esfuerzo”; “es que ya casi lo logramos pero al final no era para nosotros”, “es que para qué me esfuerzo si el más fuerte siempre gana”… “No fue penal, no fue mi culpa, la culpa es siempre del otro…” Y ese es el camino habitual del ciudadano promedio cuya retórica de masas se traspasa al discurso nacional: “No es mi responsabilidad, fue el Estado; que se vaya el Estado…” Con esas premisas no se puede construir el diálogo razonado.

Se vale disentir, se vale exigir, se vale reclamar pero siempre con ideas y fundamentos, con propuestas y razones y siempre con apertura al diálogo incluyente. Hoy más que nunca hay que exigir su responsabilidad al Gobierno, pero también reconocer nuestro grado de responsabilidad en cuanto a la indiferencia ante los verdaderos males sociales. No es exigiendo cabezas ni eliminado la institucionalidad como lograremos un entendimiento como país. Sólo con el trabajo honrado y con el refuerzo de los valores cívicos es como daremos los primeros pasos de reconstrucción nacional. No hay que ser ni político, ni dirigente social, ni líder de opinión para lograr un cambio; simplemente hay que ser responsablemente lo que ya somos: auténticos ciudadanos.ayotzinapa 6
Se acercan tiempos difíciles si no tomamos la estafeta personal que a cada uno nos corresponde. Que el caso de los estudiantes de Ayotzinapa sea una semiente de justa indignación pero a la vez de reflexión y de trabajo honrado por este gran país. No merecemos más desaparecidos ni más sangre y violencia en las calles y entre nuestros jóvenes. Aquéllos estudiantes tenían el sueño de educar a los más desprotegidos pero el egoísmo los calló; nosotros persigamos el sueño de educarnos como ciudadanos para educar a nuestros hijos como auténticos humanos, porque la verdad objetiva siempre nos dará la mejor voz.

Héctor LÓPEZ BELLO

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