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Mucho se ha hablado, en los días recientes, del creciente fenómeno de la violencia física y el acoso psicológico entre los escolares (comúnmente llamado bullying), sobre todo a raíz de la lamentable muerte de un menor en el Estado de Tamaulipas, víctima de los golpes y vejaciones por parte de sus compañeros de escuela. Desde hace meses la sociedad entera se muestra preocupada por este fenómeno de violencia presente en muchas de las escuelas mexicanas, el cual es reflejo patente en la niñez mexicana del ya prolongado periodo de crisis moral y de violencia social presente en nuestro país desde hace varios lustros.bullying 16

No haremos aquí una repetición de los hechos, cifras, estadísticas y campañas preventivas en torno a este fenómeno de violencia y que el amable lector bien puede consultar en espacios mejor autorizados que este; simplemente pretendemos recuperar algunas reflexiones sobre el gran iceberg que subyace debajo del hecho del bullying escolar y que encierra otros elementos sobre los que bien vale la pena meditar brevemente.

Un fenómeno social en crecimiento

 El término bullying, acuñado por el psicólogo escandinavo Dan Olweus en 1993, hace referencia a la violencia suscitada entre los menores de edad en el entorno escolar y que se caracteriza por un constate acoso y maltrato, acarreando consecuencias psicológicas graves en la persona quien lo padece. Esta definición de libro pareciera que se queda corta ante la realidad que vivimos, pues el problema mayor en nuestro país es que este fenómeno de violencia ya ha cobrado un carácter de “normalidad” entre muchos escolares y que ellos mismos ya ven con cierta indiferencia. bullying 1Los niños actúan, muchas de las veces, repitiendo los patrones aprendidos en casa y en el entorno social que les rodea; si no son encausados de manera pertinente y no se les hace ver que hay conductas que no son normales en la sociedad, pocas veces reparan en su actuar y continúan repitiendo aquello que ven.

Que no nos sorprenda ver con espanto la violencia entre los niños si vemos con indiferencia la violencia en la calle, en la televisión, contra las mujeres, contra el medio ambiente… Si no es normal ver tanta violencia escolar, tampoco es normal ver tanta violencia social. El bullying es la muestra patente de una sociedad que ha descuidado la educación en cuanto a las instituciones naturales de una sociedad. Lo que subyace en la base de ese iceberg social es el descuido en cuanto el conocimiento, fomento y defensa de los pilares sociales que dan razón de ser a una comunidad.

Un niño que actúa con violencia es porque también ha aprendido el mensaje violento que le llega de fuera y aprende a ver con “normalidad” ese fenómeno social. Si la educación del niño no es asumida con responsabilidad por sus padres y maestros, y reciben también mensajes obtusos de su entorno, las consecuencias ya las percibimos ahora con preocupación. De nada servirán las políticas públicas adoptadas por el Gobierno mediante leyes o normativas si el cambio no viene desde el núcleo social vital, y ahí todos tenemos un compromiso grande, porque los ciudadanos adultos somos los espejos en los que los niños se reflejan hoy como ciudadanos del mañana. Pero ¿por qué un menor de edad recurre a la violencia para hacerse notar? Y además ¿qué sucede en nuestra sociedad para que los menores actúen de esa manera? El bullying escolar no es, decíamos, sino el auténtico reflejo en nuestra juventud de los “nuevos” estándares y paradigmas de comportamiento social que hemos diseñado; es la punta del iceberg de la fragmentación social.

En efecto, una sociedad que ha descuidado la construcción y consolidación de sus pilares institucionales (no los jurídicos, sino los naturales, los inherentes a ella), necesariamente tiende al fracaso por los lazos tan endebles que se crean entre sus miembros. La decadencia moral es el principal efecto de dicho descuido. De nada sirve reorganizar normativa e ideológicamente una sociedad con leyes y programas “progresistas” o “novedosos” si el precio que hay que pagar es el descuido de los cimientos éticos que le dan fundamento. Este acto es como realizar una decoración externa a la casa en la que vivimos con la finalidad de agradar solamente hacia afuera, pero olvidando el mantenimiento y mejoras al interior, sabiendo que esto beneficia a quienes habitan en ella; con la sociedad pasa lo mismo: si las modas ideológicas de lo políticamente correcto hacen que se prioricen temas “novedosos” y se descuiden los pilares sociales, la consecuencia es que la sociedad se embriaga de esa “novedad” a costa de la salvaguarda de lo tradicional. libros 2Aquí nos preguntaríamos ¿realmente, hoy día, es prioritario en nuestra sociedad mexicana atender a debates ideológicos como la liberalidad en el consumo de la mariguana, la despenalización del aborto antes de las 12 semanas de gestación, si el petróleo es nuestro o no, si la soberanía está en juego, o si el gobierno debe regular el libre acceso a internet? Desde luego que son debates significativos, pero hoy su implementación no es prioritaria dadas las circunstancias morales en las que vive la sociedad mexicana actual, situación que exige un debate y un diálogo serio, incluyente y constructivo para desentrañar cuáles son los males que le atañen y qué medidas tomar para fortalecer el ámbito ético que rige a la comunidad con miras a un mejor convivencia para todos.

cdiputados1Sí, en México hemos logrado un “progreso” jurídico gracias a la creación de nuevos modelos normativos y a las reformas estructurales, pero ¿en qué medida hemos tocado y descuidado la estructura social de nuestro país? Y esto no es sólo responsabilidad del Gobierno, sino de toda la sociedad, porque somos todos quienes activamente contribuimos al progreso económico y político del país, o bien, pasivamente cooperamos para el estancamiento moral de la patria.

Medidas institucionales

 Varias han sido las propuestas para combatir el fenómeno del bullying en México, lamentablemente la mayoría de ellas van a encaminadas combatir los efectos de la violencia y no enfatizan en combatir las causas. Las iniciativas de ley presentadas en el Congreso priorizan la sanción y no la prevención del fenómeno. Se habla de generalidades para educar a los maestros y a los padres de familia para concientizar sobre el problema pero no se especifica qué medidas se tomarán. Todos los actores sociales coinciden que el problema surge de los hogares pero no se actúa en consecuencia. Hace falta, desde luego, un periodo de reflexión moral y también de  cambio de conciencia social para identificar de dónde viene el fenómeno del bullying, el por qué se ha expandido y qué acciones tomar, es decir, ver todo el “iceberg” en conjunto que impide navegar con certidumbre a la juventud.
relativismo 1Bien es cierto que el creciente periodo de violencia que vive México ha sobrepasado la capacidad de asombro, de indignación y de conciencia de bastante gente, que la sociedad espera mucho del Gobierno y que éste no actúa en consecuencia, pero aquí es donde la ciudadanía organizada debe tomar nuevamente las riendas morales del país para reconstruir el entramado social y empezar un nuevo rumbo de institucionalidad. Varios son los aspectos donde se debe trabajar pero consideramos que debemos comenzar por reafirmar tres grandes instituciones morales que dan sustento y cimientos fuertes a una sociedad construida en valores, a saber la familia, la autoridad y la responsabilidad. Y en estos aspectos, el Gobierno no tiene injerencia directa sino que es la propia sociedad quien debe actuar, por eso, insistimos, los cambios prioritarios deben venir de la sociedad y no de las políticas gubernamentales

En efecto, la familia es la célula de la sociedad, ahí donde se enseñan, se viven, y se transmiten los valores sociales a los niños. Ahí está la base de prevención de todos los males sociales y de educación en base a una vocación ética. Cuando las políticas públicas o las ideologías imperantes atentan contra la familia, consecuentemente se atenta contra la sociedad entera. El mundo actual, marcado por el ferviente consumismo y un exacerbado hedonismo ha dejado de ver a la familia como el centro de la sociedad. Se exigen más producción para generar más consumo y los padres de familia dedican más tiempo a sus trabajos que a la educación de sus hijos. El mal entendido estado de bienestar ha impuesto un egoísmo generalizado donde importa sólo el placer y no el verdadero bienestar integral. Cuidamos a nuestros cuerpos pero no cuidamos a nuestras almas; dedicamos tiempo a generar riqueza económica pero no reparamos en enriquecer al espíritu, y los niños se percatan de ello. Muchos padres reemplazan su ausencia en el hogar y para con sus hijos con la tecnología o con insumos materiales y no dedican tiempo para hablar y compartir con ellos. bullying 4Ahí hay una ruptura en la familia, cuando no se comparte tiempo, espacio, diálogo y enseñanza directa entre los padres y entre los hijos. Las parejas ya no platican entre ellas y, cuando tienen conflictos, optan por la salida fácil de separarse, muchas de las veces sin intentar un diálogo donde recuperen y rescaten el amor que les unió, afectando indirectamente el desarrollo de los hijos. Y qué decir del lastre social del machismo que todavía subsiste en México, donde el varón deja toda la carga educativa de los hijos a la mujer y no se responsabiliza directamente con los niños. Y consecuencia de ese machismo, muchas mujeres han tenido que criar solas a sus hijos porque son abandonadas por sus parejas. Muchas de las veces la paternidad no se ve hoy como un auténtico compromiso moral, sino como una carga material y la construcción de una familia ya no es una aspiración natural sino un mero paso social. Ya hay tantas definiciones de “familia” en las leyes civiles y en lo políticamente correcto dentro de la comunidad, que su esencia natural, marcada por el amor mutuo de una pareja reflejada en el compromiso educacional con los hijos, paulatinamente se ha ido disolviendo por los convencionalismos sociales. bullying 10Como no hay compromiso, no hay diálogo, no hay autentica educación que transmitir, y los problemas crecen, por ello, ¿cómo va a aprender un niño a dialogar y a resolver los conflictos si no ve ese ejemplo en su familia? De ahí que el niño refleje, en su entorno escolar, esa falta de ejemplo, de compromiso, de diálogo y de inclusión familiar. Rescatar el valor de la familia es rescatar a la sociedad entera, porque aquél quien le miente a su familia es capaz de mentirle a cualquiera.

La autoridad es consecuencia directa de vivir plenamente los valores familiares. El grave problema es que el concepto de autoridad se ha tergiversado en todos los ámbitos y ha dejado de entenderse como una virtud moral para asimilarse a una potestad física o de mandato; es decir, la autoridad ha mutado por autoritarismo. Unos padres que enseñan con su ejemplo de vida la honestidad, el trabajo, el diálogo y el respeto generan un concepto de autoridad en el niño no marcado en la violencia sino por la admiración hacia ellos. bullying 3Si un padre no respeta a su cónyuge y le genera violencia física o psicológica, el niño repite el mismo parámetro. Si un padre ejerce su “autoridad” mediante los golpes y los insultos en el seno familiar, el niño replica ese esquema para “hacerse respetar” y generar liderazgo entre sus compañeros de escuela. La autoridad es una virtud que se construye día con día. Un padre que no trabaja honestamente, que defrauda, que miente, que no respeta a las instituciones civiles o que resuelve los problemas con insultos y violencia, transmite esas actitudes a los hijos. No nos damos cuenta que cada acto que hacemos reafirma o denosta el concepto de autoridad que trasmitimos a los niños. La autoridad, desde luego, exige límites. En primer lugar, auto limitarse en el ejercicio de ella cuando un acto puede conducir a un uso excesivo de la fuerza, porque el respeto se gana, no se impone. bullying 14También a limitar razonadamente cuando alguien quebranta el respeto hacia la autoridad moral pero nunca reprimiendo físicamente, sino ante todo, dialogando y haciendo reflexionar sobre la falta cometida. Si un padre no impone su autoridad mediante el diálogo y la reflexión con sus hijos, estos no aprenderán a respetarlos por admiración sino por miedo. Un hijo que ha vivido en su familia los límites desde y hacia la autoridad, replica esos modelos en la escuela y por eso respeta a sus maestros y compañeros y se hace respetar por consideración y no por temor. Por eso, la autoridad se enseña y se vive en el hogar y de ahí se replica con responsabilidad hacia toda la sociedad.

Por ello es que la responsabilidad sea la consecuencia natural de unos valores vividos en el seno familiar mediante la autoridad de los padres. La responsabilidad es un compromiso de actuación personal que se adquiere con los demás, de saberse deudores de un respeto hacia el prójimo y de ser solidario con aquél quien lo necesita. bullying 15Unos padres de familia responsables son quienes no son sólo proveedores materiales sino educadores morales; aprenden a verse entre ellos con dignidad y respeto y ven en sus hijos un débito solidario de educación. Enseñan a los niños que los valores que concientizan en la familia deben ser replicados hacia afuera porque desde pequeños ya están adquiriendo un compromiso con los demás y que, conforme van creciendo, su responsabilidad saldrá del seno familiar para replicarse en toda la sociedad. bullying 9Si al niño no se le concientiza en sus deberes no se le inculcará la obligación de compromiso para con la gente; así, el menor de edad debe respeto a sus mayores, a sus maestros, a sus compañeros de escuela y a su comunidad; es responsable de sus actos y de sus omisiones, de sus logros y de sus quebrantos, y esa responsabilidad no se le debe inculcar por el hecho de ser acreedor a un premio o a una sanción sino por la ganancia de saberse parte de un desarrollo armónico y solidario para con sus semejantes y, por añadidura, consigo mismo. Pero el sentido de responsabilidad, insistimos, sólo se predica con el ejemplo y con el diálogo razonado que inculque el valor no que imponga una reacción.

 Actuar desde ahora

 Desde luego que son muchas más las medidas que hay que ir adaptando paulatinamente para resolver el problema del bullying escolar. Todos estamos conscientes que el primer cambio para derretir el iceberg social es educar a los niños desde la familia, pero la verdadera virtud está no sólo en identificar el origen del problema sino actuar inmediatamente en consecuencia, porque México ya no requiere espectadores sino verdaderos actores sociales.
Es indispensable un nuevo estudio y reflexión sobre la realidad social en la que vivimos todos y en la que se están educando nuestros menores. igaldad 1De nada servirán las medidas jurídicas, preventivas o sancionadoras que se adopten, si estas no vienen acompañadas de una fundamentación psicológica y pedagógica adecuada, porque el fenómeno de la violencia en México ya sobrepasó el ámbito meramente sociológico para convertirse en un fenómeno psicológico ya incluido en el imaginario colectivo; hay que encontrar los cauces pertinentes para desentrañar aquello que subyace en la mente del ciudadanos y ahí los psicólogos tendrán mucho que decir al respecto y habrá que escucharlos cuidadosamente. Pero también hay que aprender a escuchar nuevamente a las voces de la moral innata en la persona, recuperar el concepto de sociedad y ser conscientes que vivimos en una etapa de pérdida paulatina de valores y de crisis moral la cual, antes de ser motivo de tristeza y zozobra, debe ser una oportunidad para replantear qué hemos hecho mal como sociedad y saber que sí hay una respuesta optimista; simplemente es salir de uno mismo y volver la mirada hacia el otro para verlo con respeto y fraternidad.

bullying 11En suma, el fenómeno del bullying terminará sólo con una debida educación y conciencia moral; estamos en tiempo pertinente para lograrlo desde nuestra trinchera personal. El cambio empieza en uno mismo, porque de ahí se reafirmará en la familia y los niños lo replicarán en la sociedad. México ya no necesita más violencia, México, y sus niños, exigen verdadera conciencia social.

 Héctor López Bello

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