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«Nueva creatura ha nacido en Cristo: el hombre viejo se renovó», Amor a la caridad, poesía atribuida a San Francisco de Asís

Una noche venturosa

papa 1Aquélla noche romana del 13 de marzo de 2013, cuando el mundo escuchó el famoso “Habemus Papam”, nadie imaginó que el Pontífice electo por los cardenales sería, en pocos meses, uno de los líderes espirituales más influyentes del mundo. El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio se convirtió en el Papa número 266 de la Iglesia católica y tomó en sus manos las riendas de una de las instituciones más importantes del orbe. Adoptó el nombre del más humilde de los santos, Francisco y, a ejemplo del santo de Asís, la humildad y el apego al Evangelio han sido el sello distintivo de su pontificado.

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Nadie puede mostrarse ajeno al influjo del Papa Francisco. Creyentes y no creyentes han reconocido en su liderazgo un auténtico testimonio de espiritualidad y un referente para entender al mundo moderno en los umbrales del siglo XXI. Ningún otro pontífice ha sido seguido tan de cerca en su primer año de pontificado. Muchos ven en él a un reformador, otros a un gran continuador, y no falta quienes lo ven como un conservador más. Lo destacado es que el mundo no se ha visto ajeno al carisma de su persona, una humanidad que contagia, que inspira y que invita siempre a la reflexión sobre la vida personal como cristianos católicos, ciudadanos del mundo y como personas.

papa 14Las reseñas biográficas y los recuentos sobre los dichos y hechos del Papa Francisco, a un año de su pontificado, ya pueden leerse en los principales diarios del mundo y en las revistas más influyentes. No pretendo abonar más páginas de tipo periodístico a las muchas que ya se escriben sobre este tema y que seguramente gozan de mayor autoridad informativa que quien aquí redacta estas líneas. Pretendo, en cambio, hacer un balance sobre el testimonio evangélico que el Papa Francisco nos ha dado en estos doce meses y que seguramente nos seguirá enseñando a todo el mundo por muchos meses más.

Heraldo del Concilio Vaticano

vaticano21El Papa, el Vicario de Cristo, sucesor de San Pedro, antes que ser un líder político o religioso, es un guía espiritual. Tiene bajo su responsabilidad la tarea fundamental de llevar el mensaje de Jesucristo consagrado en el Evangelio a todo el mundo. Esa enorme responsabilidad espiritual no recae en una persona, sino en una institución sagrada: el Papado, cuyo titular debe dar testimonio con su vida del mensaje de Jesús. Muchos Papas a lo largo de la historia han obrado terriblemente en contra del mensaje evangélico, pero también tenemos el testimonio de muchos sucesores de Pedro que han dado un ejemplo de santidad (en el último siglo hemos tenido la fortuna de vivir bajo algunos de esos pontificados). La institución del Papado sobrepasa a la persona, por ello, la persona quien detenta esa sacrosanta responsabilidad debe ser antes que líder religioso, un testigo del Evangelio, y el Papa Francisco ha dado muestras claras, con hechos y palabras, de ser un auténtico testigo del mensaje de Jesús.

vaticano II 1Heredero directo de la reforma más importante que ha experimentado la Iglesia católica mediante el Concilio Vaticano II, el Papa Francisco ha sabido dar perfecta continuidad al espíritu Conciliar, siguiendo el itinerario iniciado por sus antecesores, sobre todo Benedicto XVI y Juan Pablo ll. Cincuenta años han pasado desde el Vaticano ll y Francisco se convierte en un verdadero promotor y ejecutor de los principios eclesiásticos marcados por aquél Concilio ecuménico. Las reformas que ha iniciado en la estructura de la curia de la Iglesia son ampliamente coherentes y con absoluto apego al espíritu dogmático del Concilio. No tiene que sorprender a nadie que el Papa hable abiertamente al mundo del papel de la Iglesia, pues el Evangelio debe ser anunciado a todos. Cuando leemos las cuatro constituciones dogmáticas y los doce decretos apostólicos del Concilio Vaticano ll, apreciaremos que todos los últimos Papas han dirigido su pontificado en la dirección marcada por el Concilio y el espíritu de los documentos conciliares poco a poco han ido tomado un rumbo evangélico. papa 15Si Juan Pablo ll y Benedicto XVI fueron unos grandes teóricos que en sus pontificados dieron estructura operativa al Concilio Vaticano ll (baste leer todas sus encíclicas y documentos pontificios), Francisco se convierte en el gran heraldo del Concilio, el que ha llevado el mensaje a la gente de manera abierta, directa y asequible; es el Papa que ha mostrado el nuevo rostro de la Iglesia que los padres conciliares concibieron. Ahí está la virtud de su pontificado, en que Francisco ha logrado entender a cabalidad el espíritu del Vaticano II y lo está transmitiendo, con ese peculiar carisma, al mundo entero.

Un pontificado de testimonio evangélico

jmj 3El Papa Francisco es un hombre coherente. Es un sacerdote que está convencido de sus ideas y que ha luchado por defender la verdad del Evangelio aún en contra de lo políticamente correcto. Es un Papa que también sabe dialogar pero que no acepta imposiciones cuando las ideas sobrepasen a la verdad evangélica. Es, ante todo, un hombre moderno, conocedor de la realidad actual del mundo y proclive a discutirla y a mejorarla, porque sabe hacerse oír y sabe escuchar, y desde luego, entiende que, en la fraternidad y en la inclusión del otro, es donde mejor se construye el progreso humano. Hace ocho siglos un humilde testigo de Cristo, San Francisco, lo entendió así, y hoy el Papa Francisco reivindica los postulados del santo de Asís que no han perdido vigencia y que, por el contrario, actualmente merecen ser recuperados para el bien no sólo de la Iglesia, sino de todo el mundo.

papa 12Por esa cercanía con la gente, el Papa Francisco se ha convertido en el Papa de los pobres, y esto lo hace siguiendo el ejemplo de Jesús, quien vino al mundo para los pobres, sin embargo no nos dejemos engañar por el lenguaje, porque la pobreza, desde una perspectiva teológica, es un concepto más amplio que el de su simple definición semántica. Por ello, habría que matizar el concepto de «pobreza».

En efecto, en un mundo materialista y dominado por el relativismo como el que vivimos actualmente, la pobreza suele identificarse con la falta de recursos económicos o materiales. Desde luego que millones de personas, católicos y no católicos, hoy viven en una pobreza material, y la Iglesia se ha preocupado desde sus orígenes por ellos, pero la principal pobreza contra la que la Iglesia lucha es contra la «pobreza espiritual».relativismo 1 Esa es precisamente la pobreza que denuncia el Papa Francisco. Hay muchas otras formas de pobreza: la pobreza cultural, de aquéllos que no tienen acceso a conocer sus raíces, sus perspectivas de crecimiento o sus derechos fundamentales; la pobreza social, aquélla que viven los marginados por la falta de oportunidades y la mala distribución de la riqueza; la pobreza ambiental, en la que el mundo se ha sumido por no respetar los recursos naturales y por sobre explotar la Tierra; la pobreza vocacional, que se manifiesta en no saber quiénes somos y qué buscamos en el mundo. Pero la pobreza más dolorosa es la pobreza espiritual, esa que se manifiesta en la falta de amor al prójimo, en el egoísmo militante y el hedonismo exacerbado; esa pobreza de no buscar lo trascendental sino conformarse con lo instantáneo; la pobreza donde se olvida al espíritu y se sobrevalora al cuerpo y que lleva al hombre a ser esclavo de su individualismo y olvidarse de los demás; todo ello se refleja en las guerras, en la soberbia, en la vanidad, en el afán del poder por el poder, en el amor al dinero, y en la decadencia de los valores, en suma, en un relativismo que ha envuelto al mundo actual. pensamiento - ciencia - culturaEsa es la auténtica pobreza que preocupa y debe ocupar a la Iglesia. El Papa Francisco está consciente que el hoy mundo vive una enorme pobreza espiritual, y su pontificado se dirige en combatir esa llaga en la humanidad y que sólo con el apego al Evangelio de Cristo puede curarse esa herida. Por eso Francisco es el Papa de los pobres, porque da a conocer el mensaje de Jesús a quienes carecen de la fuerza del Espíritu y les hace ver que todos estamos llamados a la santidad, porque todos somos herederos de la riqueza del amor de Jesucristo.

El Papa Francisco nos ha enseñado que la pobreza espiritual puede subsanarse. A los jóvenes en Río de Janeiro, en la Jornada Mundial de la Juventud, les encomendó ser testigos y mensajeros de la verdad con la fuerza de su juventud. Con su primera encíclica “Lumen Fidei, a todos nos enseñó que la Fe es la luz que debe guiarnos para seguir a Cristo. Con su exhortación apostólica “Evangelii gaudium” nos mostró que el mensaje del Evangelio es una alegría que debe colmar nuestros corazones para ayudar a conducir a la Iglesia y a la humanidad por un sendero de paz y de conciliación. papa 9Y en todos sus mensajes, discursos, homilías y catequesis, el Papa Francisco ha enseñado que Jesús nos habla en el Evangelio con un lenguaje sencillo, que todos podemos estar cerca de Él, y que no nos juzga como los hombres juzgan sino que nos abraza sólo como Dios sabe hacerlo. Con esos términos podríamos resumir los mensajes del Papa Francisco en este año, un Vicario de Cristo que nos acerca a Él, un Papa para la gente y no para la jerarquía.

Del “efecto Francisco” al “efecto del Evangelio”.

vaticano II 3Muchos conspicuos y noveles lectores de la larga tradición de la doctrina de la Iglesia católica han tergiversado las acciones y dichos del Papa Francisco, afirmando que “cambiará” muchos dogmas esenciales de la Iglesia, manipulando (las más de las veces sin querer), lo que el Papa ha dicho, sin entender que sus mensajes tienen pleno apego al mensaje de Jesús y de la Iglesia. Lo que sí ha hecho el Papa es reafirmar ese «aggiornamento» o actualización de la Iglesia impulsado por el ya santo Papa Juan XXIII. Francisco ha tomado esa estafeta y le ha dado plena continuidad: la Iglesia, es decir, todos los creyentes, debemos revisar nuestras vidas y actualizar el mensaje del Evangelio, haciendo de lo ordinario de nuestra vida algo extraordinario para vivir en santidad.

jmj 1Es de llamar la atención que los medios de comunicación masiva se han encargado de valorar ampliamente la conducta de humildad que el Papa Francisco ha mostrado en su primer año de pontificado y que será la tónica de todo su Ministerio. Se destaca su sencillez, su cercanía con la gente y su distanciamiento con lo material. Los medios lo han llamado “el efecto Francisco; yo lo llamaría “el efecto del Evangelio. Qué bueno que se visualice ese rostro del Pontífice que debería ser el auténtico rostro de la Iglesia, pero no destacan lo más importante, es decir, lo que subyace en esa actitud del Sumo Pontífice. Vale la pena matizar un poco este punto.

dudasEn efecto, decíamos que en un mundo permeado por el relativismo como en el que vivimos actualmente, los valores humanos se han tergiversado enormemente y han mutado hasta el opuesto de las virtudes. ¿Por qué nos sorprende la actitud de humildad del Papa Francisco, cuando sus actos deberían ser considerados como lo más normal para cualquier persona? Sin lugar a dudas porque hoy en día “lo normal” es optar por el mal y “lo anormal” es optar por el bien. Ya no nos espanta la violencia, el egoísmo, la vanidad o el hedonismo; hemos aprendido a ver esas actitudes humanas como normales y no nos indignamos ante los vicios de la conducta. El Maligno, el Príncipe de la mentira, ha sabido actuar hábilmente y nos ha engañado haciéndonos ver al mal como lo normal en este mundo, y ese alejamiento de la experiencia de Dios por el que gran parte de la humanidad ha optado no le permite ver que la moral relativa actual está fundada en una mentira ética.

Jesucristo mismo nos indicó el camino de la normalidad moral que debe guiar el actuar de los hombres: amar al prójimo, amar a los enemigos, ser servidores de los demás, poner la otra mejilla, dar de comer a quien no tiene, perdonar las ofensas, ser humildes, enseñar a quien no sabe, multiplicar los talentos, estar alegres, llevar a todo el mundo el mensaje de amor, y tantas otras hermosas enseñanzas diseminadas a lo largo de los Evangelios. abrazoEsa doctrina profesada por Jesús la hemos olvidado y hemos optado por lo opuesto. Por eso, viene un Papa cuyo actuar es absolutamente coherente con el mensaje evangélico y nos sorprende a todos, porque su vida da auténtico testimonio de esos verdaderos valores morales que ya hemos olvidado por vivir en la mentira. Ahí está una clave vital en el testimonio del Papa Francisco: mostrarnos que el mensaje de Jesús sí puede y debe ser vivido, porque optar por esa conducta de caridad debe ser lo normal para cualquier persona, sea o no cristiano, y vivir de conformidad al bien, desterrando todos esos vicios que el relativismo moral ha erigido como el camino de lo habitual. Creo que en este primer año de pontificado el Papa Francisco nos ha mandado un mensaje muy claro: Jesús nos pidió vivir conforme al amor y es posible hacerlo. Pero la obnubilada percepción moral con la que nos acostumbramos a ver al mundo no nos permite interpretar de manera pertinente el mensaje del Sumo Pontífice.

Ojalá que los medios de comunicación, y sobre todo nosotros los creyentes, ya no destaquemos como extraordinarios los actos del Papa Francisco sino que veamos en ellos un ejemplo de lo ordinario que debemos hacer en nuestras vidas. Por eso vale la pena acercarse más a su mensaje que nos transmite en sus escritos y sus homilías, porque en ellos marca claramente ese nuevo rumbo, el nuevo rostro que, como Iglesia, debemos mostrar. Y en realidad no es una doctrina nueva sino dar auténticamente operatividad a la doctrina que por dos milenios el cristianismo ha dado. Al leer detenidamente la Sagrada Escritura, la Tradición, el Catecismo y todo el Magisterio de Iglesia católica, vemos cómo los actos del Papa Francisco no hacen otra cosa más que seguir plenamente los mandatos dados por Jesús a los primeros discípulos. Tal vez estamos ante una llamada de atención gracias al valioso testimonio del Santo Padre para retomar un nuevo rumbo en nuestras vidas, alentados por la caridad y renovados en la esperanza, es decir, mostrar realmente el rostro de la Iglesia y recuperar los valores ordinarios que deben guiar a la humanidad.igaldad 1 Por eso la figura del Papa Francisco es tan importante y ha cobrado  tanta notoriedad en el mundo, porque sus obras nos han hecho reflexionar y nos ha mostrado la importancia y la posibilidad de recuperar el bien en nuestros actos cotidianos. Creo, sin temor a equivocarme, que ese es el punto esencial que hay que rescatar de un balance analítico del primer año del pontificado de Francisco. Ahora hay que seguir su ejemplo de caridad y dejar de ver al mal como lo normal. Por eso los actos del Papa han incomodado también a mucha gente, aún incluso dentro de la propia Iglesia, porque la verdad pesa, la verdad duele cuando descubrimos que vivimos en la mentira. Pero ahí está la grandeza del amor de Dios, que Él perdona y quiere que todos se salven no simplemente por el testimonio de un Sumo Pontífice, sino por el mensaje contenido en el Evangelio.

Lumen Fidei 2En suma, estamos siendo testigos de un periodo de la historia único, donde la Iglesia católica se renueva en su líder y se renueva en sus fieles, pero conserva los valores tradicionales que le rigen, fortaleciendo la esperanza de crecer en el amor y en la caridad hacia el prójimo. EI testimonio del Papa Francisco en este primer año de pontificado debe ser una clave para volver a hacer de la humildad y de la caridad lo más normal en nuestras vidas y empezar a ver como anormal esos vicios morales que insisten en seducirnos. Estamos frente a un nuevo rostro del Papa pero ante el mismo mensaje que Jesús nos dejó. Todo cambio es bueno cuando se canaliza conjuntamente para un mejor andar en la senda de la fraternidad y de la caridad, tal como lo ha destacado el Papa Francisco en este año. La Iglesia católica en su conjunto vive así un nuevo reto: retomar el mensaje del Evangelio haciendo que la fe se fortalezca, la esperanza se engrandezca y la caridad guíe a todos los fieles.

Héctor López Bello

hectorlopezbello@gmail.com

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