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Bienaventurados serán cuando los injurien y los persigan y digan falsamente cualquier cosa mala de ustedes por causa mía. Alégrense y regocíjense porque su recompensa será grande en los cielos  (Mt 5, 11-12)

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En torno al escenario

Por todo el mundo resonaron las observaciones y, en cierta forma, los “regaños” que el Comité de Derechos de la Infancia de las Naciones Unidas, con sede en Ginebra, hizo a la Iglesia católica en la reunión de observación que sostuvo ante el nuncio apostólico Silvano Tomasi del Vaticano, ante dicho Organismo internacional el 16 de enero y que se hizo pública en un comunicado el 31 de enero pasado.

relativismo 1Para algunos defensores de los derechos humanos, se trata de un documento innovador y con recomendaciones altamente viables; baste leer muchos artículos, comunicados, opiniones y primeras planas que dicho reporte ocupó en los medios en días pasados, y observaremos cómo, para beneplácito del anticlericalismo, el comunicado del Comité se convierte en la punta de lanza para un ataque directo contra la jerarquía y la doctrina de la Iglesia católica. Sin embargo, pensamos que muchas de sus observaciones están direccionadas más por un hálito de laicismo militante (enmarcadas en lo políticamente correcto), antes que estar orientadas por una tendencia de verdadero diálogo y de auténtica objetividad. Veamos a continuación qué implica dicho documento y por qué consideramos que el Comité falló atendiendo a parámetros subjetivos y dejando de lado el verdadero fondo del asunto.

dialogo 3Pero antes de entrar en materia, permítame el lector hacer una breve puntualización. Argumentar objetivamente resulta a veces incómodo para quienes (a veces sin quererlo), obnubilan su criterio por un incesante sentimiento anticlerical, sumergidos en un profundo laicismo militante, y sin dar la oportunidad de dialogar abiertamente para encontrar auténticas razones y no sólo ocasiones para denostar. De nada sirve mostrar argumentos sólidos a quienes a priori descalifican a la Iglesia católica y a su doctrina moral y no hacen un intento de dialogar con apertura para encontrar una razón común. Pero a ellos también la invitación a un diálogo razonado e incluyente de ideas ha estado siempre abierta por parte de la Iglesia, y de manera más amplia, desde el Concilio Vaticano II (véanse, por ejemplo, las Declaraciones apostólicas Nostra Aetate y Dignitatis Humanae), para lograr así una comunicación franca. Y este espacio de opinión personal también está decididamente abierto a entrar en un diálogo fraterno para encontrar al unísono razones de verdad objetivas.

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Atendiendo a lo anterior, la finalidad del presente escrito es dirigir el conocimiento de los fieles católicos, quienes muchas veces, por falta de formación y de información, dejar direccionar su criterio según las sesgadas observaciones de los laicistas y que, lamentablemente, llegan a considerar esas opiniones tendenciosas como una verdad objetiva, denostando a la Iglesia a la que pertenecen, y hacen una crítica sin un fundamento de verdad. Pretendemos, en este escrito, ilustrar a los fieles católicos con razones objetivas para que formen un criterio más amplio sobre los hechos que están ocurriendo actualmente en torno a nuestra Iglesia y con ello hacerles ver que las cuestiones de la Iglesia católica no son las razones de una minoría, sino que nos afectan a todos, creyentes y no creyentes, porque «Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.» (1Tim, 2,4)

Una obscura página en la historia de la Iglesia

onu vaticano 16De todos es conocido el grave escándalo que propiciaron muchos sacerdotes pederastas al interior de la Iglesia en las últimas décadas y que fueron documentadas y denunciadas en su momento por las víctimas. Es un hecho real que han existido (y que existen) muchos religiosos delincuentes que de manera abominable realizaron delitos de pederastia contra cientos de personas. Negar esta realidad sería un absurdo e implicaría faltar a la verdad. Todos los creyentes que hemos tenido noticia de estos lamentables hechos reprobamos y condenamos la actuación de esos delincuentes. Sus graves faltas a los derechos de las personas y la deleznable conducta por su estado clerical han empañado gravemente el estatus moral de la Iglesia católica. Pero también de todos es conocido que esta abominable práctica delictiva no es exclusiva de la Iglesia católica y que se da también de manera reiterada en otras confesiones religiosas, en comunidades aisladas y en países de todo el orbe; en suma, es una práctica que en todo el mundo se sigue haciendo derivado del relativismo moral dominante. Pero llaman más la atención los delincuentes pertenecientes al clero católico por el peso moral que la Iglesia ha tenido en la historia de la humanidad, en particular de occidente.

onu vaticano 14Fue el Papa Benedicto XVI quien abiertamente reconoció, condenó y sancionó a cientos de sacerdotes pederastas. Instruyó la ejecución de severas sanciones eclesiásticas a los implicados y conminó a todos los obispos a denunciar y a entregar a los delincuentes a las autoridades civiles para que fuesen castigados con la ley penal correspondiente de cada país donde cometieron los delitos. No abundaremos en este tema, ampliamente argumentado, y que el lector puede consultar en los documentos, decretos y sanciones hechas públicas en la página de la Santa Sede. Y ahora, el Papa Francisco continuando con la línea impuesta por su antecesor, también ha señalado y sancionado de manera reiterada los casos de pederastia de clérigos y religiosos católicos. De ahí que haya instruido una comisión que se apersonara ante el Comité de Derechos de la Infancia de la ONU.

onu vaticano 15Sin duda, esta etapa de escándalos que les ha tocado vivir a los últimos Pontífices es uno de los periodos más obscuros y lamentables en la historia moderna de la Iglesia católica, pero también ha representado una oportunidad de reflexión y de redireccionamiento para la jerarquía católica sobre la vinculación con sus miembros, laicos y religiosos, para conducir con auténtica autoridad moral a sus fieles y desarrollar plenamente el sagrado ministerio que le fue encomendada. Y sobre esto, tanto Benedicto XVI como Francisco, han dado contundentes muestras de la nueva faceta de la Iglesia para una intolerancia absoluta hacia los sacerdotes y religiosos pederastas.

El Informe de la ONU y su impacto en la Iglesia católica

A mucha gente ha tomado por sorpresa el contenido del documento del Comité de Derechos de la Infancia de la ONU contra la Santa Sede y válidamente se ha cuestionado: ¿cómo ha llegado este documento a denunciar a la Iglesia? ¿Puede la ONU emitir recomendaciones a la Santa Sede? ¿Por qué se hace un informe especial para el Vaticano y no para otras religiones? Expliquemos brevemente cómo se ha llegado a esta instancia y qué alcance tienen sus conclusiones.onu vaticano 17

¿Por qué el informe del Comité de Derechos de la Infancia de la ONU?

vaticanoJurídicamente hablando, el Vaticano es un sujeto de derecho internacional, es decir, es una nación soberana e independiente, internacionalmente reconocida como cualquier otro país del orbe, con todos los derechos y obligaciones que ello implica. Derivado de los Tratados de Letrán firmados entre el Vaticano y la República Italiana en 1929, se reconoció plena personalidad jurídica al Estado Vaticano (conocido como la Santa Sede en derecho internacional público). La razón de ser de esta cualidad internacional deriva del hecho histórico de la existencia por casi un milenio de los llamados Estados Pontificios en la península itálica.[1]

Como país independiente, la Santa Sede puede formar parte de Organismos internacionales, de ahí que sea considerado, dentro del sistema de Naciones Unidas, como un país observador permanente, pero no miembro, por lo cual goza de una representación, de voz (pero no de voto) ante la ONU. Al ser un sujeto de derecho Internacional, el Estado Vaticano puede firmar convenciones internacionales como cualquier otro país, de ahí que en el año 1990 haya suscrito la Convención sobre los derechos del niño de la ONU, Tratado que le obliga en los términos establecidos por dicho documento internacional, con la salvedad de las reservas que implementó.

onu sedeEl sistema de Naciones Unidas cuenta con nueve Comités especializados para el seguimiento y aplicación de los tratados internacionales en materia de derechos humanos firmados por los Estados miembros; uno de ellos es el Comité de Derechos de la Infancia, el cual vela precisamente por el cumplimiento del tratado internacional. Todos los países que han firmado la Convención sobre los derechos del niño presentan cada cinco años un informe ante el Comité sobre su actuación en torno a la Convención y, en función de dicho informe, un grupo expertos en la materia de derechos de los menores y ONG’s interesadas, elaboran un cuestionario que el Estado debe responder en caso de que se le solicite. Cumpliendo con dicha obligación internacional, el Estado Vaticano envió al Comité, en el año 2011, el informe referido y, luego de un amplio estudio por parte de los expertos, se emitió un cuestionario que la Santa Sede debió responder, de ahí que el representante del Estado Vaticano, Mons. Silvano Tomasi, acudiera ante el Comité en enero pasado. El contenido tanto del informe como del cuestionario giraba en torno a las medidas tomadas por la Santa Sede relativa a las numerosas denuncias sobre delitos de pederastia cometidos por algunos miembros de la jerarquía católica. Las conclusiones publicadas en el documento al que tanta referencia se ha hecho en las últimas semanas corresponden a las observaciones que el Comité hizo al informe y a la audiencia del nuncio apostólico.

¿Qué dice el informe del Comité de Derechos de la Infancia dado a conocer?

onu vaticano 3El Comité de Derechos de la Infancia de la ONU tiene la facultad de solicitar informes periódicos y de realizar observaciones a los Estados miembros para el debido cumplimiento de los tratados internacionales. Ejerciendo dicha facultad, el Comité puede realizar una serie de recomendaciones (que no son vinculantes, sino orientativas) a los Estados, donde manifiesta de modo claro qué normas de derecho internacional se han incumplido y de qué manera se pueden reparar. Dichas recomendaciones deben estar realizadas en función del informe presentado por el Estado y de los estudios hechos por el comité de expertos.

onu vaticano 1Ahora bien, el Comité emitió una serie de recomendaciones a la Santa Sede en donde le conmina a actuar para “adoptar plenamente” las normas internacionales. Se trata de un documento relativamente breve en comparación con otros de la misma especie emitidos por el órgano internacional. En dieciséis páginas se hace un balance y se proponen una serie de medidas que la Santa Sede debería tomar en cuenta, según el criterio del propio Comité, con relación a los delitos de pederastia cometidos por algunos clérigos. Llama la atención que, si se trata de un documento destinado a hacer notar las “graves faltas del Vaticano en materia de pedofilia”, este tema aparezca en concreto hasta la página 9 del documento y sólo se le dediquen dos párrafos (pfos. 43-44).¿No debería ser este tema el mayormente abordado por el Comité de manera objetiva? Parece ser que el Comité tenía otras prioridades ideológicas antes que prioridades netamente jurídicas. Y esta perspectiva no refleja solamente el sentir del Vaticano, sino que es compartida por muchos analistas alrededor del mundo Pues bien, abordemos algunos de los puntos más importantes del contenido de dicho documento.

En un primer momento, el Comité alaba el diálogo abierto y constructivo con la delegación de la Santa Sede y ve con agrado la buena voluntad expresada por los representantes de la Santa Sede para tomar las medidas necesarias sobre las observaciones hechas en materia del combate a la pederastia (pfos. 1-3), y la adopción de normas eclesiásticas para sancionar dicho delito cometido por parte de sus miembros (pfos. 5-8). La parte medular comienza a partir del párrafo 9 donde el Comité insta a la Santa Sede a implementar algunas medidas.

onu vaticano 10 Partir de una premisa falsa: el error de interpretación jurídica por parte del Comité

Si bien es cierto que la finalidad de una recomendación de un organismo internacional es instar a los Estados para a la adopción de medidas legislativas internas, dichas recomendaciones deben dirigirse hacia la norma adecuada, es decir a normas sustantivas concretas. Para ello se debe conocer ampliamente la tradición jurídica de cada Estado. No es lo mismo el sistema de normas de los países anglosajones que el de los países europeos o latinoamericanos, como tampoco lo es el de una Institución de un ente jurídico sui generis como lo es la Iglesia católica, con una tradición jurídica propia y particular. Lo que se nota en la interpretación jurídica por parte del Comité, es una especie de imposición dogmática para que el Vaticano adopte algunas medidas legislativas que vulneren la propia tradición jurídica eclesiástica. Se lee en el informe: «El Comité recomienda que la Santa Sede emprenda una revisión profunda a su marco normativo, en particular al derecho canónico, bajo otra perspectiva para una plena adopción de la Convención.» (pfo. 14). Aquí encontramos el primer problema de interpretación.

onu vaticano 11Un organismo internacional de la naturaleza jurídica como el Comité de Derechos de la infancia no puede solicitar una revisión profunda a todo el marco legislativo de un Estado, menos aun hablando de generalidades, sin referirse a normas particulares de derecho, en este caso, del Derecho canónico. Esta primera recomendación del Comité es el marco ideológico con el que gira toda su argumentación: hacer que la Santa Sede cambie su tradición jurídica para que adopte las medidas que el Comité quiere y no las que el Estado soberanamente puede hacer. Y esto es lo más preocupante, pues de una lectura atenta y objetiva de todo el documento, lo que se desprende es una insistencia voraz por parte del Comité, no para dialogar (como asegura en la introducción), sino para imponer una ideología que, de antemano se sabe, no es concordante con la doctrina moral de la Iglesia católica. El hecho de prejuzgar el marco normativo de la Iglesia, es decir, el Derecho canónico, demuestra una plena ignorancia por parte del Comité de la naturaleza jurídica de este particular sistema de normas. Aquí está el gran error interpretativo del Comité: identificar al Derecho de la Iglesia con la moral de la Iglesia.

onu vaticano 6En efecto, el Comité se equivoca al interpretar que el Derecho canónico es la norma moral  de la Iglesia católica, cuando en realidad es el marco organizativo eclesial de dicha institución; en pocas palabras, el contenido del Código de Derecho Canónico no es la doctrina moral de la Iglesia, la cual se encuentra diseminada a lo largo de la Sagrada Escritura, de la Tradición apostólica y del Magisterio expresado en los cientos de documentos pontificios y episcopales que la Iglesia católica ha expedido a lo largo de su historia. El Derecho canónico no establece el parámetro moral (o dogmático) de la Iglesia católica, sino el parámetro orgánico mediante el cual se constituyen los derechos y obligaciones eclesiásticas de los fieles, de la jerarquía, de los religiosos y de los bienes de la Iglesia, y se establecen además las normas adjetivas (procesales) cuando se incumplan dichas normas orgánicas. Por eso, resulta un error de interpretación jurídica identificar al Derecho canónico con el Derecho civil (o derecho común) como si se tratase de cualquier otro sistema de normas.

A partir de este error interpretativo, el Comité desarrolla toda su argumentación con miras a imponer un parámetro moral (no legislativo) a la Santa Sede, sin mencionar en ningún momento qué normas concretas (si es que jurídicamente se podrían llamar normas) del Magisterio de la Iglesia son los que vulneran al Tratado internacional. Desde una perspectiva eminentemente jurídica, resulta peligroso instar a cambios normativos cuando lo que se está cuestionando es la norma inadecuada.

dudasDe ahí que a lo largo de todo el documento, el comité instruya  a la Santa Sede a adoptar en el corpus del Derecho canónico (cuestión jurídicamente imposible) medidas explícitas como la imposición de una moral relativa (pfo. 25), el reconocimiento de identidad de género (pfo. 28 y 45), el uso y fomento de anticonceptivos, (pfo. 36 y 57), la imposición de nuevas interpretaciones teológicas en materia de educación (pfo.40), el reconocimiento de diversos tipos de familia distintas a la tradicional (pfo. 48), e incluso, la permisión del aborto (pfo. 55).  Ignora el comité que el estatuto moral de estos elementos no están contenidos en el Código de Derecho Canónico sino a lo largo de todos los documentos del Magisterio de la Iglesia el cual ha de ser concebido de manera armónica con una debida interpretación de la Sagrada Escritura. Intentar imponer las recomendaciones que el Comité solicita no es, evidentemente, una pretensión jurídica, sino ideológica y, suponiendo sin conceder que sí se tratase de un marco jurídico, se está señalando a la norma equivocada.

imagesCAZJVLR8Hagamos una puntualización jurídica más. Se lee en el texto que el Comité «se siente gravemente consternado porque la Santa Sede no ha reconocido la gravedad de los crímenes cometidos, y no ha tomado las medidas necesarias para tratar los casos de abuso y proteger a los menores y adoptar políticas y prácticas que detengan los abusos y la impunidad de los perpetradores.» (pfo.43). Esta recomendación responde a una puntual petición que muchas organizaciones y personas han hecho hacia la Iglesia para que sea ella quien persiga, enjuicie y condene a los abusadores sexuales. Aquí nuevamente se parte de una interpretación jurídica errónea: el Comité identifica a las normas de Derecho canónico con el derecho penal común, cuestión evidentemente falsa. Los deleznables crímenes que muchos sacerdotes han cometido son delitos de derecho común, es decir delitos tipificados y sancionados por la norma penal vigente en cada país, por lo que es competencia de las autoridades estatales, no eclesiásticas, el perseguir, enjuiciar y condenar a los criminales. Si el Derecho canónico estableciera una pena corporal para estos casos a la par que el derecho penal común, se viola el principio jurídico fundamental de “non bis in ídem”, es decir, que nadie puede ser juzgado dos veces (en este caso, dos instancias) por el mismo crimen.onu vaticano 12 El Derecho canónico sí prevé una sanción canónica grave para estos delincuentes:[2] la reducción al estado laical, es decir, se les prohíbe terminantemente ejercer el ministerio sacerdotal, y la excomunión total de la Iglesia, pero no establece una pena corporal, porque se entiende que cuando la falta cometida es un delito común, es la autoridad estatal quien debe condenar al reo según la norma penal particular de cada Estado. Por eso, jurídicamente hablando, la Iglesia no puede enjuiciar y condenar sobre una materia que no es de su competencia. De hecho el Papa Benedicto XVI instó a todos los obispos del mundo a coadyuvar con las autoridades estatales en la persecución y enjuiciamiento de los sacerdotes delincuentes, y cientos de ellos ya han sido procesados y condenados en muchos países. Pedir que la Iglesia persiga y sancione materias que no son de su competencia jurídica es tan absurdo como pedir al Registro Civil que emita una fe de bautismo o un acta de matrimonio religioso, o denunciar ante el Ministerio Público que un sacerdote violó el secreto de confesión. Ya imagino qué cara pondrían las autoridades civiles si les llevamos esos casos a sus oficinas. En este acto de manipular la norma jurídica establecida, nuevamente vemos ese dejo de laicismo militante en el que se busca el más mínimo resquicio de duda para emprender un ataque voraz contra la Iglesia imputándole competencias que jurídicamente no le son propias.

defensa 1Luego de la perspectiva jurídica, ¿qué leemos en el informe?

onu vaticano 19Independientemente de la perspectiva jurídica que hasta aquí hemos explicado, lo más preocupante del asunto es que el texto del Comité de los Derechos de la Infancia refleja un incesante laicismo y sentimiento anticlerical en su contenido. ¿Cuántas veces no ofreció disculpas públicas el Papa Benedicto XVI por los abusos cometidos por sacerdotes católicos? ¿Cuántas veces no se reunió con las víctimas de los abusos? Más de sesenta documentos fueron emitidos en el pontificado de Joseph Ratzinger para combatir y sancionar a los miembros de la Iglesia que cometan abusos contra menores. Nunca antes, como ahora, se habían implementado medidas tan severas en tan poco lapso de tiempo para sancionar a los sacerdotes delincuentes ni se había instruido a los obispos de todo el mundo para que denuncien y sanciones eclesiásticamente a los delincuentes.onu vaticano 18 Parece ser que lo que busca el Comité (y los poderes detrás de él) no es una nueva disculpa pública sino una humillación pública, un mea culpa ignominioso por parte de la Iglesia. ¿Es necesario llegar hasta esa instancia para darle gusto a lo políticamente correcto? ¿Dónde está la tan mencionada apertura al diálogo?

De una lectura profunda y objetiva del documento que aquí comentamos, sí percibimos que la finalidad de dicho documento es muy clara:relativismo 2 busca generar encono, división, polémica y sobre todo, duda en cuanto al papel de la Iglesia católica y las medidas puntuales que en los últimos años ha implementado en contra del abuso de menores por parte de sus miembros religiosos. Y parece ser que lo ha logrado en muchas esferas. Pero como católicos no nos dejemos influenciar por quienes buscan la división; ante todo hay que informarnos bien para emitir un juicio objetivo y esgrimir argumentos válidos. Siempre el diálogo es el mejor camino para llegar a una solución cuando hay desencuentros, y más aun tratándose de un tema tan delicado como es el de la pederastia en el seno de la Iglesia católica.

onu vaticano 13Concluimos este escrito con algunas observaciones personales que vale la pena dialogar y profundizar:

  1. Todo abuso de menores debe ser enérgicamente condenado y debidamente sancionado por las autoridades estatales sin importar que el delincuente tenga un carácter religioso. Es tan delincuente (o aún más por el cargo que sustenta) el sacerdote que lo comete, como cualquier otra persona que lo haga.
  2. No satanicemos la loable labor que el sistema de Naciones Unidas realiza en favor de la protección de los derechos humanos en el mundo. Decíamos al inicio de este escrito que algunos de los miembros de los Comités internacionales tienen ideologías sesgadas, muchas veces por ignorancia salvable, otras por un relativismo moral adoptado, pero esa minoría no  es representativa del espíritu general de las Naciones Unidas.
  3. El documento del Comité de los Derechos de la Infancia hacia la Santa Sede debe ser leído en el contexto en el que se emitió y no tomarlo como una verdad absoluta sino, ante todo, que sirva como un incentivo para conocer más la realidad y las medidas que la Iglesia católica sí está adoptando hacia su interior en el combate a la pederastia, aunque el mundo se obstine en no verlo.
  4. Debemos hacer que sea el diálogo razonado y no la descalificación a priori lo que direccione las políticas internacionales. Sólo mediante la inclusión del otro, lo hemos señalado de manera reiterada, es como se puede ir combatiendo al relativismo moral que domina al mundo actual.

 Héctor López Bello

hectorlopezbello@gmail.com


[1] Cabe aclarar que quien es sujeto de derecho internacional es el Estado Vaticano, no así la religión católica, la cual es una doctrina moral dispersa por todo el mundo, pero sujeta a una jerarquía institucionalmente establecida (lo mismo sucede por ejemplo con el espacio geográfico del Estado de Israel, el cual no se identifica con la religión judía, la cual también está dispersa por todo el mundo). Por falta de espacio y de relación con el tema no abundaremos en esta característica la cual amerita un amplio estudio.

[2] Véanse los cánones 1311 y ss del Código de Derecho Canónico

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