acuerdo

    Luego de haber sobrevivido al tan anunciado “fin del mundo”, la vida política nacional todavía le pone muchos retos de supervivencia a la ciudadanía y a la vida de la polis en nuestro país. Y la primera semana del recién estrenado año 2013 ha sido más activa de lo esperado en el panorama político. Revisemos algunos aspectos.
    Se cumple el primer mes de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto el cual, hasta el momento, se ha distinguido por marcar un discurso sobrio, moderado y sin aspavientos. La firma del acuerdo “Pacto por México” entre las diferentes fuerzas políticas del país y el impulso de la iniciativa de reforma en materia educativa al finalizar el año anterior, le significó un importante paso para consolidar su autoridad como mandatario, dando muestras sensibles de diálogo y apertura para unir no sólo en el discurso, sino en la práctica, las diversas voces políticas. Parece ser que nuevos tintes señalan a este gobierno al inicio de su mandato. Por ejemplo, el hecho de incluir en el gabinete a personas que no son de afiliación priísta muestra claros vistos de una intención (esperemos que se conserve durante todo el sexenio) de incluir a todas las corrientes de pensamiento. La titularidad de la SEDESOL en manos de Rosario Robles, ex militante de la izquierda, en Relaciones Exteriores de José Antonio Meade, ex funcionario del gobierno de Calderón, o de Manuel Mondragón, ex funcionario del GDF, al frente de la Comisión Nacional de Seguridad, anuncian un sentido de inclusión de personas que se comprometen no con un partido o con un proyecto. Y por el bien de México, ojalá que esta nueva perspectiva de gobierno funcione plenamente.
    De hecho el reciente nombramiento en esta semana de Mario Di Constanzo como director de la CONDUSEF, da un nuevamente mensaje de apertura e inclusión de todas las corrientes políticas en el gabinete presidencial. Suena casi inverosímil que un personaje tan cercano a López Obrador como lo fue Di Constanzo ahora esté en las filas del Poder y con un cargo de especial relevancia como ser el ombudsman de los servicios financieros de nuestro país. Pero en el juego de la política todo puede suceder. Aunque los antiguos correligionarios del ex diputado federal lo califiquen como “traidor” a la causa de las izquierdas por incorporarse al equipo de trabajo de Peña Nieto, Di Constanzo ya había dado muestras claras de su intensión de abandonar las filas del lopezobradorismo e incorporarse al proyecto del Presidente de la República. Tal vez el Presidente Peña, bien asesorado por su gente cercana, ha entendido que es mejor tener a los “opuestos” a su ideología más cerca, que tenerlos alejados en una pugna política que no da frutos.
    Sin duda otro nombramiento que hay que destacar es la designación de Eduardo Medina Mora como embajador de México ante los Estados Unidos, igualmente un político muy vinculado a los gobiernos panistas. Una embajada clave que ahora queda en manos de un ex titular del CISEN y ex Procurador General de la República, nombramiento estratégico muy probablemente hecho para dar continuidad a los proyectos comunes en la agenda bilateral con el país del norte, preponderantemente en materia de seguridad pública. Por eso a alguien que sabe tantos secretos de inteligencia nacional de los últimos doce años, como lo es Medina Mora, es muy conveniente tenerlo cercano, pero a la vez alejado, de la esfera política. Así mueven las piezas del rompecabezas político el Presidente Peña y sus asesores. Finalmente los principios de Teoría Política que se aprenden en las aulas universitarias, tienen una aplicación práctica en la vida real. No por algo Maquiavelo es un autor al cual hay que seguir leyendo.
    Y hablando de auténticos maquiavelismos, otra noticia que nos arroja esta primera semana del año político es la inscripción ante el IFE de MORENA como futuro partido político. Así es amable lector, un partido político más que sobrevivirá gracias al dinero público que los contribuyentes aportamos. La creación de este nuevo partido (otro más a la larga lista de las llamadas “izquierdas mexicanas”) era el paso natural que el caudillo López Obrador tenía que dar consecuencia de su constante megalomanía por acceder al poder. La pregunta natural que surge ante esta nueva Institución política es ¿qué nos ofrece de distinto a lo que el PRD, el PT, o Movimiento Ciudadano ya ofrecen? Si partimos de la premisa que en México no hay una auténtica definición de la izquierda política, desde luego apreciamos que MORENA, políticamente tiene poco que ofrecer. Como en su momento el PRD se consolidó por viejos priístas enojados con el sistema, ahora MORENA se integrará con viejos perredistas resentidos con su partido, quienes buscan nuevos escenarios y reflectores para seguir vigentes en el imaginario colectivo. Nuestro sistema electoral permite la creación de numerosos partidos si se reúnen ciertos requisitos, por ello contamos con tantos institutos políticos de esta clase; qué le vamos a hacer, así es la democracia. Pero lo importante no es la cantidad de partidos sino la calidad que hay en ellos, y la historia moderna ha demostrado que esa es el área de oportunidad más fuerte que tiene el sistema de partidos en nuestro país, estafeta que deberá asumir MORENA. El reto para este nuevo partido será el de convencer mediante los hechos y no sólo con el discurso, que son una auténtica oposición crítica y propositiva al gobierno, y no ser otra opción necia o beligerante que entorpezca el diálogo y la toma de decisiones, escenarios que ya hemos visto hasta el cansancio.
    Y cansados se notaron también los militantes del PAN quienes, en su mayoría no refrendaron su filiación a dicho instituto político. Conocidos por todos son los resultados que mostró la dirigencia nacional panista sobre el significativo descenso en el número de sus militantes, simpatizantes y adherentes; una reducción poco más del 80% de las cifras que manejaban con antelación. La justificación (porque no es otra cosa que un desesperado intento de justificación) que el dirigente nacional Gustavo Madero ofrece a la ciudadanía es que con este proceso se reafirma quiénes son realmente los panistas de cepa, los que están con el partido y los que tienen el derecho a tomar decisiones a su interior, y se depura con ello a quienes no lo son. Desde luego este retroceso en los números es un resultado natural de la gran caída electoral que sufrieron en julio pasado, y también muestra que en los dos sexenios en los que el PAN estuvo en el poder, mucha gente utilizó al partido como un escalón político para “agarrar hueso” en el poder; así es, esa fórmula que tanto criticaban al PRI, los panistas lo repitieron sagazmente. Ello más que desmotivar a los panistas debe vitalizarlos para hacer un auténtico proceso de auto reflexión y autocrítica para retomar los principios que le movieron a ser, por setenta años, la verdadera oposición en nuestro país. Si el panismo no ve éste momento crítico en su partido como una oportunidad de cambio en su dirigencia, en sus actividades y de replanteamiento en sus fundamentos y en sus estatutos, los resultados electorales les serán adversos y lo que urge en la democracia mexicana es una derecha igualmente propositiva, papel que el PAN lamentablemente no ha sabido jugar en los últimos años.
    La ficha que hábilmente supo jugar bien el Gobierno Federal fue el impulso para la promulgación de la Ley de Víctimas, publicada el 10 de enero y festejada con bombo y platillo por la élite política. Una Ley que en su momento el Presidente Calderón desechó y que ahora Peña Nieto la adopta como un instrumento con el que se erige como adalid de la protección de los derechos humanos. Por el reforzamiento que significa en la protección de los derechos de las personas, celebramos la llegada de esta Ley la cual aún debe ser revisada y meticulosamente interpretada para que su espíritu se concrete de modo efectivo, porque su texto todavía deja algunos cabos sueltos que harían inviable su total aplicación, cuestión a la que nos referiremos en un artículo posterior, pero adelantamos que es una ley que deberá sufrir necesarias modificaciones en un corto plazo pues aún le queda un largo itinerario por recorrer.
    Y visión de corto plazo es la que tuvo el diputado priísta Francisco Agustín Arroyo Vieyra al presentar una iniciativa de reforma al artículo primero constitucional, en la que proponía interpretar siempre a favor del texto constitucional cuando éste estuviera en discordancia con el texto de un tratado internacional en materia de derechos humanos, ignorando, desde luego, que la propia constitución ya resuelve esa aporía al emplear el principio “pro personae”, es decir, decidiendo siempre en relación con lo que más beneficie a la persona independientemente de dónde provenga el texto legislativo. Por supuesto que dicha reforma recibió más críticas que aplausos, y esperemos, por el bien del verdadero diálogo político, que esa iniciativa haya sido simplemente un lapsus del diputado Arroyo, consecuencia de las vacaciones decembrinas, y que no sea una auténtica intención ni de él, ni de su partido, ni de algún sector de la política nacional el reformar el artículo primero, porque ello representaría una auténtica regresión en el tan duro camino de avanzada que ha tenido la materia de derechos humanos en nuestro país.
    Y como colofón político también cabe destacar el nombramiento por parte del Presidente de la República de la Lic. Laura Vargas Carrillo, esposa del Secretario de Gobernación, como titular del DIF nacional. Con ello rompe con la tradición de antaño de nombrar a la primera dama como titular de esa dependencia. Sin duda que el Presidente Peña está muy bien asesorado y su decisión no la tomó con el corazón sino con el consejo de sus allegados, porque haber nombrado titular a su esposa, le hubiera significado sin dudas más críticas que aplausos. Además que la experiencia en el servicio público de la Lic. Vargas avala su nombramiento, calidad específica con la que no cuenta la actual primera dama. Ojalá que estas decisiones que toma el Presidente de hacerse de la gente que realmente requiere el país y romper así con el clientelismo en la burocracia sea una constante en todo su gobierno y no simplemente sea una jugada política más para despejar las críticas de los conspicuos del poder.
    Sin duda que el año arranca con una celeridad interesante en materia política, lo que augura un año de muchos cambios, de mucho trabajo y, por el bien de México, que sea un año de propuestas de diálogo y de construcción. Estamos ante la oportunidad histórica de consolidar sinergias y de desechar viejas rencillas políticas. La labor no sólo es de la clase política sino de toda la ciudadanía quien debe continuar analizando con lupa todos los actos del nuevo gobierno para cerciorar que los compromisos adquiridos se cumplan a cabalidad y que las fuerzas opositoras realmente propongan las vías de cambio necesarias para el país.

Héctor LÓPEZ BELLO
@HLopezBello

Publicado en: http://periodicofactor.com/2013/01/la-primera-semana-de-un-largo-ano-por-venir/

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