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Los resultados de las recientes elecciones generales nos dejan una serie de lecciones positivas que bien vale la pena reflexionar para seguir construyendo la democracia mexicana que poco a poco va consolidándose. Dejo a consideración del amable lector diez puntos sobre los que hay que seguir dialogando para determinar en qué medida nosotros debemos seguir trabajando a partir del proceso electoral del 1 de julio:

1. Vivimos unas intensas campañas donde el electorado fue más participativo en las calles y en las urnas y cada vez está más al pendiente de las propuestas y de los candidatos. Así lo muestran los resultados que registraron poco más del 60% de asistencia de los votantes a las casillas el pasado 1 de julio. Aunque todavía falta mucho que hacer por derrotar al abstencionismo, la gente en su mayoría, se mostró ilusionada por participar en el proceso electoral.

2. Paulatinamente nos incorporamos a una democracia representativa sólida, donde la alternancia en la Presidencia de la República se vuelve una realidad. Nada hay más sano para una democracia que exista una alternancia en el poder, venida de la voluntad de los electores, sin violencia y con madurez política, así como lo han aprendido las democracias europeas y que hoy gozan de cabal salud. México ingresa en esa tendencia que ojalá dé lugar a un verdadero paso en las transformaciones democráticas y que gobierne quien decide la mayoría en las urnas.

3. De igual forma, la composición del Congreso no estará, al parecer, en manos de un solo partido mayoritario, sino que estarán representadas todas las fuerzas políticas del país, lo cual representa una oportunidad para los legisladores de trabajar en el diálogo y el consenso por encima de los intereses particulares y priorizando las auténticas necesidades legislativas que requiere el país.

4. No hay un partido político nacionalmente dominante. Si bien es cierto que las fuerza políticas se miden regionalmente (el PRI en el norte, el PAN en el bajío y el PRD en el centro y sureste), lo real es que no podemos afirmar que México es un país políticamente doblegado a un solo sistema, tal y como ocurría en el pasado; muy al contrario, vemos Estados que han decidido tener una alternancia en sus gubernaturas como es el caso de Jalisco, Chiapas o Morelos, éste último, incluso, ya cuenta con Gobernadores extraídos de las tres fuerzas políticas más importantes del país, dando así, junto con Tlaxcala, un ejemplo de democracia en cuanto a la alternancia en el poder.

5. Las instituciones electorales reafirman su posición de árbitros imparciales en la contienda en las urnas siguiendo las reglas que los propios partidos políticos establecieron para los procesos electorales, demostrando con ello a la ciudadanía que se puede confiar en ellas. El IFE se reafirma como un sólido organismo que tiene la capacidad humana y material para celebrar unas elecciones equitativas y transparentes.

6. Todo proceso electoral encuentra ganadores y perdedores. Así es la democracia, una forma de gobierno donde accede al poder aquél quien más votos tuvo en las urnas. En una democracia auténticamente sana es tan loable ser partido gobernante como ser partido de oposición. Nada nutre más a los procesos democráticos de un país que una oposición fuerte, crítica y verdaderamente propositiva. Ese es el gran reto que tienen los partidos políticos que no ganaron la Presidencia, las Gubernaturas o la mayoría en el Congreso: convertirse en una oposición madura y constructiva que priorice el diálogo y construya modelos legislativos eficaces.

7. Los partidos políticos se encuentran ante una oportunidad auténtica de hacer un proceso autorreflexivo crítico y meditar sobre el resultado particular de las elecciones. El PRI, partido mayoritariamente ganador, tiene que trabajar intensamente para demostrarnos a los ciudadanos que no es una copia al carbón del viejo régimen y que en cambio ha sabido aprender de las derrotas para consolidar una nueva estructura de gobierno a la altura que el México moderno realmente requiere. El PAN, el gran perdedor en los números, tiene que volver a plantearse no sólo en qué fallo en cuanto a las estrategias electorales, sino en cuanto a su funcionamiento como partido, el cual ha venido a menos desde hace varios procesos electorales. Tiene que hacer una limpieza profunda no sólo de personas, sino de acciones, y revisar sus principios institucionales para volver a ser la derecha propositiva que la democracia necesita. El PRD y los demás partidos de izquierda también deben recomponer su dirección y definir verdaderamente una auténtica izquierda mexicana, con verdadera trascendencia nacional, la cual se encuentra dividida y dominada desde hace varios lustros por un caudillismo infértil que no ha permitido un crecimiento institucional y que en cambio ha detenido el avance democrático. Urge en México una verdadera izquierda libre, tolerante y constructiva que sea el verdadero contrapeso ideológico para el poder en turno.

8. El reciente proceso electoral nos hace ver que todavía hay quienes, como López Obrador y algunos de sus correligionarios, no siguen un espíritu democrático al cuestionar abiertamente no sólo a las instituciones establecidas, sino a los electores que no votaron por su propuesta calificándolos de corruptos y vendidos. La postura del candidato de la izquierda a nadie sorprende porque desde semanas antes ya había anunciado un fraude electoral objetivamente inexistente, pero será el Tribunal Electoral quien determine si las presuntas pruebas de fraude que presente son suficientes para anular la elección y darle un triunfo, cuestión que numéricamente parece muy poco viable.

9. Lamentablemente todavía quedan algunos atisbos de intolerancia y de poca cultura democrática en México, personas a las cuales hay que motivar al diálogo y a la reflexión. El terrible maniqueísmo con el todavía muchos ciudadanos piensan (“o estás conmigo o estás contra mí”), no ayuda a consolidar nuestra democracia. Eran ya previsibles las inconformidades del movimiento estudiantil #Yosoy132, grupo de personas que abiertamente estaban en contra del candidato del PRI y sutilmente a favor del candidato de la izquierda. No sorprenden sus reclamos y están en su derecho legítimo de hacerlo, pero lo que no es correcto es deslegitimizar la voluntad de la mayoría de la gente que no votó por su candidato. También la fragmentación dialéctica que se ha dado en las redes sociales donde muchos se lamentan el regreso del PRI al poder mediante mensajes intolerantes o insultantes, no ayudan en nada a la construcción democrática. Hay que hacer patente que la participación política no se hace desde la comodidad de las redes sociales sino desde el trabajo diario y participativo. Descalificar al otro por el solo hecho de no votar como uno es una muestra de inmadurez política y de cerrazón al diálogo. Hagamos construcción democrática en el diálogo y en la tolerancia y respetando lo que, finalmente, han decidido las mayorías aunque el resultado haya sido adverso a lo que algunos votaron. A mí también me preocupa que regrese el viejo PRI, pero me preocupa más ver la intolerancia y el encono que se gesta en la calle, en las plazas y en las redes sociales hacia los resultados de la elección y en la descalificación del otro.

10. Finalmente, la tarea principal que tenemos todos los ciudadanos es la de vigilar con lupa, desde ahora, al nuevo gobierno. Hay que estar muy atentos y exigir que verdaderamente se cumplan todos los compromisos adquiridos durante la campaña. Debemos estar muy atentos de que el nuevo gobierno priorice la transición y no una regresión, alzando la voz y reclamando por las vías institucionales, con justa causa, cuando no sea así, porque el principal contrapeso para el próximo gobierno priísta no debe estar en los partidos de oposición, sino en la ciudadanía.

En suma, sintámonos orgullosos de la jornada electoral que vivimos, pero tengamos presente que nuestra obligación ciudadana continúa diariamente. Prioricemos la unión y la tolerancia, porque sólo así seguiremos consolidando la democracia que todos los mexicanos ya merecemos.

Héctor López Bello

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