Hoy, en este México de las dialécticas políticas y las diatribas discursivas, los estudiantes universitarios vuelven a tener un papel protagónico, no sólo como estudiantes sino como ciudadanos. El famoso movimiento estudiantil autodenominado “YoSoy132” pretende ser un nuevo portavoz de las muchas inquietudes que todavía existen en la sociedad mexicana con miras a las elecciones generales del próximo mes. Es un movimiento de jóvenes universitarios, desde luego legítimo y muy saludable en la creciente democracia nacional. Definitivamente nada beneficia más al buen rumbo del país que un auténtico diálogo incluyente, donde se intercambien ideas y proyectos. Pero lo que perjudica la forma de ese diálogo es la presencia de ideologías perennes y de descalificaciones motivadas por la efervescencia juvenil. Desde luego algo pasa en México con la influencia del famoso “YoSoy132”.

Sin duda somos millones los que exigimos un cambio social auténtico, un país libre de violencia, de corrupción y de mentiras de la clase gobernante. Queremos un país con progreso económico, con trabajo para los ciudadanos, con participación de todos los actores sociales. Un país donde los jóvenes vislumbren un futuro y donde los mayores se sientan seguros. En todo ello hay una auténtica convergencia nacional.

La juventud universitaria, por antonomasia, es el semillero de las nuevas ideas y del futuro democrático de México, y los miles de estudiantes que se han unido a través de las redes sociales y recientemente en las plazas públicas con el movimiento “YoSoy132”, son muestra del interés universitario por un cambio real en éste país. Sus exigencias de transformación en la conciencia nacional son válidas y defendibles en el marco de una democracia institucional, forma de gobierno que se supone rige a nuestro país. Su arrojo y valentía por tomar el ciberespacio y luego las calles son de destacar y considerar como auténticas en marco del verdadero diálogo democrático. Qué bueno que los jóvenes se unen por una causa particular. Qué bueno que los estudiantes logran conjuntar a las muchas universidades, públicas y privadas, por una exigencia democrática. Qué bueno que exigen ser escuchados y levantar la voz por una causa.

Una auténtica democracia, como a la que anhelamos los mexicanos, es esa donde todos podamos expresarnos sin miedo a ser intimidados, donde gobierne el que legítimamente gana unas elecciones, donde todos podamos participar abiertamente en la transformación nacional, respetando la pluralidad de ideas y sobretodo, estando abiertos al diálogo constructivo. Ese debe ser el eje rector de todo movimiento social: hacerse escuchar, pero también permitirse escuchar al otro. El “YoSoy132” ha tomado los reflectores nacionales, motivados, tal vez, por furor de los tiempos electorales y han llamado a la sociedad nacional a unirse a su causa, una causa legítima desde luego, pero que también debe ser discutida para lograr encauzar eficazmente sus legítimas pretensiones.

El movimiento pretende ser, según afirman en su manifiesto, una causa incluyente y libre de toda vinculación partidista; buscan la pluralidad informativa y la democratización en los medios; que el debate presidencial sea transmito en cadena nacional para que todos nos informemos realmente de las propuestas de los candidatos; dicen ellos, por tanto, que luchan, por el voto libre, razonado e informado. Son peticiones válidas donde ellos analizan el qué, pero no acaban de definir, al menos hasta ahora el cómo.

Desde hace algunos días he venido reflexionando sobre el “YoSoy132” y a mí, como muchos otros ciudadanos, nos han surgido diversas inquietudes: ¿es realmente un movimiento de estudiantes, libre de toda ideología política y con auténtica esencia incluyente? ¿Hasta dónde llegará este nuevo movimiento estudiantil, pleno de euforia, pero en muchos puntos esenciales falto aún de solidez? Tal vez el ímpetu juvenil y las ansias naturales de ser escuchados ha llevado a los estudiantes a perderse en el discurso y olvidar las legítimas peticiones, lo que desvirtúa en parte su vocación democrática. Y para ello me explico.

Creo que el movimiento “YoSoy132” fue legítimamente constituido pero paulatinamente ha ido desdibujando su esencia. Peligrosamente su definición original, como movimiento social, comienza a disiparse dentro del marco de la política partidista, ese lugar a donde ellos decían no querer llegar. Claramente es un movimiento no a favor de algún candidato, pero sí es  en contra de un candidato, lo cual desvirtúa la esencia democrática e incluyente que pretende enarbolar. Ponerle un apellido a un movimiento social siempre resulta peligroso porque ello descalifica en automático al diálogo con aquéllos quienes no piensan como ellos. Si su legítimo impulso es ir en contra de un candidato es totalmente válido, pero resultaría muy sano que en esa empresa no se mezclen otros factores como telón de fondo para decorar el rechazo a un partido.

Desde luego los ciudadanos que tenemos memoria no queremos de vuelta el régimen autoritario que el PRI sostuvo por décadas, ahí donde el país comenzó un declive político económico y social, y cuyos efectos aún sentimos, y que nos ha costado mucho reconstruir. No sabemos a ciencia cierta si el mal llamado “nuevo PRI” sea una copia al carbón del viejo régimen; tal vez por la presencia de algunos personajes podríamos válidamente suponer que así lo es. Sin embargo en el actual PRD también hay claros vestigios de ese viejo PRI que tanto daño le hizo al país y quienes hoy tienen un gran peso específico en ese partido; acaso ¿no fueron férreos priístas Manuel Camacho, Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Bartlett, Arturo Núñez, Ricardo Monreal o el mismo López Obrador? Entonces, si vamos contra un viejo régimen, hay que ir contra todos esos oscuros personajes, del PRI y del PRD, que representan esa regresión institucional.

Pero tampoco queremos un país envuelto en la sangre por una estrategia infructuosa contra la delincuencia, ni un estancamiento económico que no ha dado un auténtico progreso a la nación. No queremos volver a desperdiciar la alternancia en el poder como sucedió en el año 2000, donde el PAN no supo capitalizar la oportunidad histórica que la ciudadanía le encargó de levantar el rumbo al país, y que por el contrario, nos ha sumido en un letargo sin rumbo aparente. Tampoco queremos un país dividido en medio de un encono social, donde se mande al diablo a las instituciones y se imponga la ley del populistamente más fuerte. México no necesita esos rumbos, México necesita un auténtico diálogo, un proyecto de nación y desde luego, no ha que descartarlo, de la necesidad de una consciente reconciliación nacional.

El llamado “anti Peña Nieto” que hace el “YoSoy132” a la sociedad, si no es llevado con mesura y prudencia, puede acarrear más ruptura que inclusión. Si la auténtica bandera de ese movimiento es ir en contra de un candidato, ello muy sano en una democracia siempre y cuando se lleve con inteligencia y apertura al diálogo. Pero hay que evitar que su llamado se enturbie con los arribistas políticos que ya se han subido a ese tren. El “YoSoy132” no ha sido cuidadoso en evitar esas infiltraciones ideológicas que válidamente ya hacen emerger ciertas interrogantes entre la ciudadanía: ¿Qué hace el SME metido en un movimiento que se supone es de estudiantes? ¿Qué injerencia directa tiene la CNTE, la primera en vilipendiar a los estudiantes en un movimiento de universitarios? ¿Por qué se observan vestigios de la izquierda beligerante en los discursos de los universitarios? ¿Quién está financiando directamente al movimiento? ¿Qué va a suceder si Peña pierde las elecciones?, entonces ¿el movimiento habrá ganado y tendría que disgregarse? Y si gana legítimamente en las urnas, ¿harán movilizaciones para desvirtuar la alternancia en el poder? Ojalá que el movimiento “YoSoy132” pronto nos dé al menos una pincelada de respuestas a estas interrogantes que siguen en el aire de la incertidumbre nacional.

Desde éste espacio siempre hemos hecho énfasis que el verdadero cambio social viene de la ciudadanía bien organizada, respetuosa del otro y abierta al diálogo incluyente, donde se dé preeminencia a la paz y a la tolerancia antes que a la ruptura violenta de la sociedad. Qué bueno que los jóvenes se organizan abiertamente empleando su ímpetu y ganas de cambiar al país, pero lo deseable es que su movimiento sea auténticamente libre de toda injerencia partidista, que hagan del sentido común y del bienestar nacional su brújula ideológica. De ésta manera estarán aún más legitimados en su lucha y lograrán frutos realmente democráticos para el país. Jóvenes del “YoSoy132”, no pierdan el rumbo, no se dejen seducir por acceso al poder. Hagan de su movimiento un auténtico espacio de diálogo y sobretodo, de inclusión de todos. Si ustedes, como movimiento llevan esa pauta así evitaremos que México tenga que despertar en la incertidumbre el próximo 2 de julio.

Y todos los demás ciudadanos, los que saldremos a votar el 1 de julio, escuchemos a todas las voces, a todos los actores políticos y sociales, y cuestionemos con fundamentos y con respeto lo que debe ser interrogado, porque de ello depende parar la bomba de tiempo política que los que están en el poder ya han activado y que esperan el momento propicio para hacerla estallar. Desde abajo, desde la sociedad civil hay que encauzar a México, porque no somos uno, ni somos 132; somos 120 millones de mexicanos que buscamos paz, prosperidad y progreso. México no se define en un “YoSoy132”, México se define en un “Yo soy Todos”; en un “México somos nosotros”.

Héctor López Bello

 

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